NARRATIVA CIRCENSE, “Ni raíces ni permiso: saberes nómadas del circo entre dos orillas”

Ni raíces ni permiso: saberes nómadas del circo entre dos orillas 

por Néstor Salvador 

Árboles trasplantados

Entremos por un momento en la visión occidental del circo —ya intentaremos salir de ella—, pero por ahora digamos que tiene un origen europeo, blanco y militar. Si el circo es una manifestación artística enmarcada en el relato de la modernidad, entonces seguiría los mismos parámetros que todas las manifestaciones artísticas occidentales.

 

Podemos simplemente decir «el circo es circo sin más», pero dicha postura no ayuda mucho en el momento en que nos planteamos realizar en y con él manifestaciones realmente originales y auténticas, genuinas ante nuestra propia realidad y no una ajena. Nos encontramos entonces ante un problema filosófico que pone en juego nuestra identidad creativa: ¿es acaso el circo, como todo producto cultural, el fruto de un árbol trasplantado que, aunque a duras penas ha podido florecer fuera de su tierra de origen, sigue dando frutas ajenas?

 

«Ésta [la filosofía en Hispanoamérica] tiene así el carácter de un árbol trasplantado, no de una planta que surgiera de la conjunción de factores propicia a un brote original y vigoroso de pensamiento». (Salazar Bondy, 1968, p. 27)

 

Consideremos el circo como un factor discursivo, como una herramienta del pensamiento. Usar herramientas ajenas puede no solo limitar nuestro trabajo, sino también evitar nuestra emancipación. Demostrar poder, líneas corporales rectas y racionales: sin duda nuestro circo puede hacerlo, ¿pero se limita a ello? El cuerpo circense que se resiste al canon dice mucho más sobre su verdad que los discursos que intentan encasillarlo.

 

Tenemos, pues, sobre la mesa el nomadismo del circo y una tradición de la cual parece no poder escapar: una serie de señales, símbolos y discursos que están tan arraigados que terminan siendo subtextos. ¿Qué pasa, entonces, cuando los árboles o sus frutos vuelven de donde han venido en búsqueda de tierras más gentiles para su crecimiento?

 

El viaje de las dos orillas

 

¿Sigue siendo latinoamericano el circo con carácter occidental y europeo una vez que va a Europa? ¿Es una suerte de migrante preferente pues habla el mismo idioma impuesto por la potencia imperial al esparcir y mantener su dominio colonial? La visión romántica del saltimbanqui ciudadano del mundo muchas veces choca con una realidad elitista y poscapitalista en la que el aparato de captura norma y codifica, bajo sus intereses, a todas las expresiones culturales que intentan desarrollarse en su territorio de influencia.

 

El exotismo es un factor innegable del circo: la carpa se vuelve una especie de hogar móvil en el que todos los orígenes son bienvenidos y hasta deseables. La diversidad es un buen marketing y demuestra internacionalidad. Pero una atención y análisis exhaustivos se vuelven indispensables a la hora de analizar los papeles, roles o figuras que van a tener dichas exoticidades en la dramaturgia, por más simple que esta sea.

 

¿Qué hay de las iniciativas de bienvenida? ¿De las que incentivan la creación y el desarrollo de orilla a orilla? Claramente es necesario aplaudirlas, celebrarlas y potenciarlas, pues son el inicio de una carrera de larga duración para generar un diálogo honesto, un intercambio que abra posibilidades a todas las partes. Sin embargo, siguen enmarcadas en un conflicto de representaciones, cuestión que excede las capacidades de resolución de las entidades que las impulsan. Los nombres, aunque útiles, no son inocentes: circo iberoamericano se refiere a uno que involucra tanto a la península ibérica como a sus antiguas colonias con las que comparte lengua y factores culturales; pero el prefijo ibero se ha acuñado para plantear dominación sobre el territorio denominado también americano, para demarcarlo territorialmente en contraposición a un angloamericano o francoamericano. Pero ¿qué sabe un flick del idioma de su ejecutante? Simplemente es. ¿Acaso un front lever me impedirá acceder a él por hablar poco inglés?

 

Circo latinoamericano también tiene un significado de dominio tras de sí: su apellido con el prefijo latino fue propuesto por el expansionismo francés para englobar un territorio más grande aún, en donde pretendía generar su zona de influencia. Paradójicamente, un término que venía desde su origen asociado a las lenguas romances terminó siendo parte de una estratificación de la sociedad global. Nos encontramos, pues, separados por los nombres, pero ¿cómo nos juntamos? ¿En la capital cultural?

 

El fruto del circo ha cruzado las dos orillas con éxito, pero corre el riesgo de confundir su identidad y ubicación.

 

Claves de resistencia: antropofagia y rizoma

 

«Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago», dice De Andrade (1928, p. 3) en el Manifiesto Antropófago. En consonancia con ello, el circo latinoamericano ha de entrar en la academia y en las escuelas europeas no para pedir permiso ni para imitar humildemente la técnica pura, sino para apropiarse de la infraestructura y del canon, pues le interesa lo que le es ajeno. Es un gesto activo; se ha de tomar una actitud de depredador cultural. No es un paseo idílico, es una incursión nómada: la desterritorialización inherente al circo ha de extraer el saber técnico del centro geopolítico, pero vaciarlo de su asepsia y pulcritud burguesas, volverlo político, llenarlo del riesgo real, la violencia y la precariedad del cuerpo latinoamericano.

 

El cruce de orillas implica un movimiento del Sur Global a las capitales culturales, pero al llevar a cabo dichas migraciones no se llega como tabula rasa: se llega con un circo curtido por el sol del semáforo, con una historia de ensayo y error al verso del arte callejero, al ingenio de la supervivencia al entrenar en el espacio público. La máxima antropófaga explica por qué se aprende la técnica rápida y vorazmente: no para asimilarse, sino para apoderarse del recurso. Devora el rigor técnico europeo como alimento para su propia poética de supervivencia.

 

El cuerpo circense que devora lo que le es ajeno no lo defeca simplemente: muta, hibrida, hace crecer dentro de sí un vacío creativo. El saber circense se vuelve un no-lugar en donde ya no es posible distinguir un circo tradicional del siglo XIX ni el «circo contemporáneo» europeizado y estetizado. Es un saber que se encuentra en la tensión entre la sofisticación técnica y la urgencia vital.

 

«Un rizoma no cesaría de conectar eslabones semióticos, organizaciones de poder, circunstancias relacionadas con las artes, las ciencias, las luchas sociales. Un eslabón semiótico es como un tubérculo que aglutina actos muy diversos, lingüísticos, pero también perceptivos, mímicos, gestuales, cogitativos: no hay lengua en sí, ni universalidad del lenguaje, tan sólo hay un cúmulo de dialectos, de patois, de argots, de lenguas especiales. […] En la lengua siempre se pueden efectuar descomposiciones estructurales internas: es prácticamente lo mismo que buscar raíces. Pero ese método no es un método popular, el árbol siempre tiene algo de genealógico. Por el contrario, un método del tipo rizoma sólo puede analizar el lenguaje descentrándolo sobre otras dimensiones y otros registros. Una lengua sólo se encierra en sí misma en una función de impotencia». (Deleuze & Guattari, 1980/2002, p. 13)

 

El intento de imitación fracasa pues se intenta emular la rigidez del tronco europeo; sin embargo, el circo puede evitarlo pues opera como una infección rizomática: puede parasitar la técnica europea, la deforma con el hambre y la necesidad. ¿Qué diferencia hay entre lo que significa el rizoma en Europa y en Latinoamérica? En que el primero se basa en una estrategia para potenciar su multidisciplinariedad, mientras que el segundo es el rizoma de la necesidad. En cierto modo, el circo contemporáneo europeo necesita al artista del Tercer Mundo para inyectar peligro real a una técnica que ellos ya higienizaron y volvieron burguesa.

 

El nomadismo desobediente: el riesgo y la suerte como saber encarnado

 

Es aquí donde la categoría de «saberes nómadas» cobra una dimensión política que excede la mera itinerancia geográfica o el confort de los circuitos de circulación internacional. El nomadismo del circo del Tercer Mundo no es una mera movilidad turística ni un atributo estético abstracto; es una práctica encarnada de adaptación y respuesta constante ante la incertidumbre. Mientras que las instituciones culturales de los centros hegemónicos tienden a conceptualizar el nomadismo como un flujo libre de ideas en entornos protegidos, el circo popular latinoamericano lo experimenta desde sus condiciones materiales: la carpa que se levanta y se desplaza, el semáforo que exige precisión en breves segundos, el diálogo diario con la precariedad y el territorio.

 

Este saber no reside únicamente en los tratados de dramaturgia o en las escuelas de alto rendimiento; habita en la memoria muscular de la contingencia. Como ya planteamos en La suerte de arriesgarse (2022), el riesgo en el circo no se agota en la búsqueda del peligro o en la espectacularización del impacto. El riesgo es una de las tantas caras de la suerte: una disposición corporal al azar, una apertura a la vulnerabilidad y a lo imprevisto que transforma la fragilidad en un motor creativo. En contextos donde las estructuras institucionales y los marcos de contención están altamente normados, la práctica artística tiende a minimizar el margen de incertidumbre, construyendo entornos de alta previsibilidad. Por el contrario, en la periferia global, la creación circense ha aprendido a integrar la incertidumbre no como un fallo del sistema, sino como un elemento constitutivo de su lenguaje.

 

Cuando el artista latinoamericano transita entre orillas, no solo lleva una técnica parasitada y reconfigurada; lleva consigo esa familiaridad con la suerte y lo contingente. El saber nómada es, en última instancia, la capacidad de negociar con la gravedad y el azar desde un cuerpo acostumbrado a crear sin la garantía de una red permanente.

 

La orilla insumisa

 

Retomando la preocupación de Salazar Bondy sobre el «árbol trasplantado», podemos concluir que el dilema de la producción cultural latinoamericana no ha sido recibir influencias externas, sino asumir que la única forma de validar su existencia era imitando la rigidez de un modelo único. El circo demuestra la plasticidad de esa relación. Nunca fue un árbol destinado a echar raíces fijas en la tierra del colonizador ni a marchitarse en la periferia como una versión incompleta.

 

El circo del Tercer Mundo opera como una trayectoria viva que cruza las dos orillas. En su tránsito, no busca una asimilación pasiva ni una simple validación institucional; entra en el canon para dialogar con él, desarmar su asepsia y atravesarlo con la fuerza de una experiencia corporal moldeada por la contingencia. El saber nómada del circo no pertenece en exclusiva a la capital cultural ni a la carpa tradicional: habita en la fricción constante entre la técnica asimilada y la suerte de arriesgarse. El fruto ha cruzado el océano no para fijarse en una vitrina ajena, sino para dar cuenta de que la creación circense es, ante todo, un ejercicio itinerante, caníbal y fundamentalmente vivo.

 

Referencias Bibliográficas

Obras Citadas

De Andrade, O. (1928). Manifiesto antropófago. Revista de Antropofagia, 1(1), 3-7.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2002). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia (K. Pardo, Trad.; 5.ª ed.). Pre-Textos. (Obra original publicada en 1980).

Salazar Bondy, A. (1968). ¿Existe una filosofía de nuestra América? Siglo XXI Editores.

Troncoso, N, (2022). La suerte de arriesgarse. Saberes de Circo, (Edición 2022). (Ajustar datos de volumen/número según la edición).

Obras Consultadas

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.

Rolnik, S. (2019). Esferas de la insurrección: Apuntes para descolonizar el inconsciente (T. Alsol, Trad.). Tinta Limón. (Obra original publicada en 2018).

Seibel, B. (2005). Historia del circo. Ediciones del Sol.

Silva, E., & Abreu, L. A. (2009). Respeitável público… O circo-teatro em voga. Editora Unicamp.

Wallon, E. (Ed.). (2002). Le cirque au risque de l’art. Actes Sud.

Santos Herceg, J.(2021). Conflicto de representaciones: América Latina como lugar para la filosofía.

 

 

 

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